Inflación de activos
Joaquín Aurioles - Diario de Sevilla - Grupo Joly
El BCE aprovecha cualquier oportunidad para proclamar su compromiso con el objetivo de inflación y su independencia de los gobiernos, pero ¿a qué inflación se refiere? Obviamente la atención se centra en el IPC, del que en los últimos tiempos sólo se reciben malas noticias, pero al que desde hace un par de décadas observan de cerca los principales bancos centrales de todo el mundo, sin perder de vista la evolución del precio de los activos reales y financieros. Como hemos podido comprobar en estos últimos años, la escalada de la bolsa y el aumento en el precio de los inmuebles eleva el valor del patrimonio de sus propietarios y pone en marcha lo que se conoce como efecto riqueza, es decir, una dinámica de consumo y endeudamiento que alimenta a las denominadas burbujas especulativas.
A finales de los 80, Japón era uno de los pocos países del mundo que había conseguido superar las tensiones inflacionistas de la década anterior y disfrutaba de una cierta relajación monetaria, con abundante liquidez y sin tensiones en el IPC. Otra cosa era el índice Nikkei y el precio de los inmuebles, cuya espectacular evolución era el reflejo de una perversa combinación de exceso de dinero en circulación, escasez de suelo y expectativas de ganancias especulativas a corto plazo. Las autoridades monetarias japonesas advirtieron el riesgo y pusieron en marcha un programa de restricción del crédito que, en un país sin problemas aparentes de inflación, llevó el tipo de interés oficial hasta el 6%. Al final, hubo pinchazo y de tal magnitud, que después de casi dos décadas, todavía no han conseguido recuperarse del todo.
Fue la primera experiencia de reventón de una burbuja en tiempos modernos, a la que después han seguido otras, como las punto.com, en cuyos orígenes se encontraba la consabida mezcla de abundancia de dinero e inflación de activos que, dada su limitada repercusión sobre el IPC, podría incluso admitirse como consentida por los bancos centrales. En el subconsciente colectivo figuraba el convencimiento de que este tipo de burbuja no puede inflarse indefinidamente, que el riesgo de reventón aumenta con el volumen y que cambios en el contexto, como en los tipos de interés, pueden precipitar los acontecimientos.
De la crisis actual también hemos aprendido otras cosas. Por ejemplo, que el exceso de liquidez desaparece en el momento en que se encienden las primeras alarmas sobre riesgo de insolvencia en empresas e inversores; o que la pretensión de los bancos centrales de desinflar las burbujas especulativas mediante sutilezas monetarias no ha conseguido, en la mayoría de los casos, evitar su estallido final y la sensación de que, en última instancia, la economía financiera termina merendándose a la real. En estas circunstancias, parece oportuno preguntarse si la estrategia de control monetario pondera adecuadamente todas las manifestaciones de la inflación y, en particular, si no habría que comenzar a cuestionar el sentido de una política monetaria empeñada en marcar de cerca un IPC que ignora escandalosamente el precio de los activos y, más concretamente, el de la vivienda.
Aún no hay comentarios.